¿Qué pasa en las terrazas de la U?

El otro día me encontraba sentada en las terrazas que hoy conforman uno de los espacios de #coworking de la Universidad Politécnica Salesiana de la ciudad de Cuenca. Me disponía a #coworkear toda la mañana en ese lugar en donde están ubic

Paula Martinez – Martinez co. Comunicación y Relaciones Públicas. Cuencana – 27 años – Comunicadora Social – Publicista.

adas unas mesas con unos parasoles que reciben de manera perfecta el sol que sale por la mañana, también hay decenas de pufs y hasta uno podría sacarse un momento los zapatos para relajarse y sentir el césped sintético adecuadamente colocado en el piso; de pronto mi concentración se vio interrumpida por parte de algunos alumnos que se acercaban al lugar para ver qué es lo que estaba sucediendo allí, ¿por qué habrían de colocar un mobiliario muy bonito y visible desde la puerta principal hasta casi todos los edificios que bordean la universidad?

El primer grupo de chicos que por casualidad se me acercó eran unos muchachos que inquietos ingresaban a la sala y me dijeron: Hola, disculpa ¿tú sabes algo sobre este lugar, este espacio es como la cafetería? hay mucha gente ahí y queremos tomar algo y descansar en nuestra hora libre. Cuando estaba a punto de responderles se acercó una pareja de estudiantes de ingeniería quienes al mismo tiempo me preguntaron: ¿Este lugar funciona como una biblioteca? Tenemos muchos deberes qué hacer y sin duda parece ser un buen lugar para concentrarse. Entonces llegó a mi cabeza la idea de contarles de qué se trataba hablandoles un poco sobre la historia de cómo llegué a ese lugar, al #CoworkingStartUPS.

Yo hago comunicación social  y publicidad y me gradué en el año 2010, hace un par de años regresé de la ciudad de Quito para vivir nuevamente en Cuenca y buscar otro trabajo, había trabajado en instituciones públicas durante un buen tiempo y estaba un poco saturada del sistema agotador que significan esas jornadas. Cuando empecé mi búsqueda por el trabajo ideal envié mi currículo a una empresa que se encarga de desarrollar software para inversiones.

Cuando llegué a la entrevista de trabajo lo primero que vi al entrar fue una mesa de ping pong y personas jugando y hablando de negocios mientras lo hacían, no me distraje mucho y subí las gradas. Al entrar a la oficina estaba ahí quien durante un año después sería mi jefe, a lado de él y mirándome estaba un perro de raza bull dog francés, el beto. Después de saludar y presentarme, enseguida saltó a mí el impulso animalista e hizo que me acercara al can y lo llenara de caricias. ¡Qué buena vibra un perro en la oficina, pensé!.

Listo, me habían contratado. Normal para todos especialmente para jóvenes de mi edad cambiar de trabajo y adaptarse nuevamente; esta compañía quedaba dentro de un coworking, el primero en ese entonces, una casa esquinera antigua de gradas de madera y un patio grande. En la casa no únicamente había esa empresa, había otra que desarrollaba aplicaciones web y sistemas de comunicación, una que hacía domótica, es decir automatizaban casas normales en casas inteligentes, y otra que realizaba consultoría y capacitación en temas organizacionales. Esta última empresa es en donde presto mis servicios profesionales hoy en día, y la mayoría de las empresas de las que nombro son startups que funcionaban de manera independiente, y a la vez realizaban trabajos conjuntos cuando aparecía una oportunidad.

Trabajar en un ambiente de coworking me abrió muchas puertas para decidirme a lanzar mi empendimiento y trabajar en lo que me gusta forjando el camino de mi propio startup, hoy soy una empleada free lance creciendo y alimentando mi cartera de clientes, algunos de ellos obtenidos gracias a los conectores del coworking.

Entonces, ¿cómo funciona un coworking? Coworkear se ha vuelto parte de la cultura de mi vida, la cooperación y convivir a lado de pares improbables que no frecuentan los mismos ámbitos que los míos me ha servido para conocer a personas con las cuales desarrollo proyectos y creo relaciones de oportunidades y negocios.

El coworking no es una biblioteca, aunque puede funcionar como ella pero de manera diferente, se investiga, se estudia, pero también se crea, en un coworking no se hacen deberes para la U, trabajas en tu propio proyecto o emprendimiento y además de ser un ambiente propicio para la generación de pensamientos, converges con personas que pueden ser útiles para tu proyecto: un comunicador puede necesitar a un diseñador, un consultor a un comunicador, un ingeniero a un marquetero, un científico a un inversionista y así un sinfín de pares improbables.

El coworking no es una cafetería, puedes tomar los cafés que quieras en él, compartir una pizza en una reunión de trabajo, o sentarte a meditar un rato.

Muchos explican qué es un coworking y para qué sirve, existen cientos de publicaciones en internet de lugares en todo el mundo que lo hacen y promueven esta cultura, pues ya son 10 años desde que apareció por primera vez esta tendencia en Estados Unidos y que cada vez se expande más por la tierra. Un espacio de coworking, no sólo es físico e ideal para momentos de ocio y esparcimiento, ofrece también un ambiente relajado que permite la fluidez de la creatividad gracias a la atmósfera que se crea.

La UPS ha creído en esta cultura y hoy en día brinda a los estudiantes esta oportunidad que antes ninguna universidad tuvo, cualquier persona puede contar una historia sobre qué es o no es un coworking, pero nadie como uno mismo, vivir el ambiente y transmitirlo, yo les invito a ser parte e inducirse en este selva de personas que trabajan y aman su trabajo.

 

 

 

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